Fanatismo dietético


A menudo se plantea la alimentación humana como un hecho filosófico o conceptual, aun cuando la realidad nos muestra que somos una especie que come casi de todo, lo cual ha sido, entre otras cosas, un argumento importante a la hora de permitirnos sobrevivir en circunstancias muy difíciles (como las distintas glaciaciones y sequías).

De esta manera, algunos se llaman veganos, otros dicen que siguen la dieta zen, o la ayurvédica, todas ellas basadas en criterios filosóficos.


Con las dietas ocurre algo curioso. Primero se produce un hecho científico relevante, por ejemplo el descubrimiento de la aterogenicidad (es decir, del daño en las arterias) de las grasas saturadas (fundamentalmente presentes en animales). Posteriormente, se genera un movimiento de rechazo visceral a esos alimentos, y crecen los vegetarianos. Algo así ocurre con dietas como la dieta zen o macrobiótica, en la que se considera la comida como parte de la espiritualidad primándose los alimentos que equilibran (yin y yang), o la actualmente de moda, dieta paleolítica, basada en la dieta de nuestros ancestros. Todas ellas fundamentadas, supuestamente, en criterios científicos demostrados.

A partir de ahí, crecen los adeptos formando doctrina y justifican sus hábitos dietéticos con todo tipo de argumentos. Se dice que se es vegetariano porque lo natural es no comer cadáveres, sino alimentos de la tierra, todo ello sin matar. Luego se explican las bondades de este tipo de dieta (combate el colesterol, depura el riñón, evita la acumulación de tóxicos etc etc). Del mismo modo, se habla de la dieta paleolítica defendiendo los alimentos del paleolítico y rechazando todos los alimentos introducidos por el hombre en nuestro pasado como agricultores y ganaderos. Los cereales y las leguminosas están prohibidos etc etc.

Pero la aproximación científica nos habla de todo lo contrario. Nos dice que el hombre es un animal generalista, capaz de alimentarse de cualquier cosa y de adaptarse a distintos medios enormemente diferentes y, muchas veces, hostiles.

En el vídeo colocado en la entrada anterior, vemos como un actual cazador (idéntico a nuestros ascendientes hace doscientos mil años), persigue a un Kudu hasta la extenuación de éste (por fallar la termorregulación). Voy a seguir la secuencia de acontecimientos:

1.- Desarrollo evolutivo del homo sapiens que le hace bípedo y apto para la carrera (carrera continua, no andar, gracias al músculo “glúteo mayor”)
2.- Capacidad de termorregulación debido a la producción de sudor
3.- Desarrollo de un cerebro apto para la estrategia de la caza en grupo
4.- Ingesta de carne en períodos concretos (caza exitosa). Del animal se aprovecha todo, ingiriendo sangre y vísceras “in situ” antes de despedazar al animal para poder transportarlo
5.- Desarrollo de técnicas de supervivencia (guardar agua en calabazas enterradas en lugares estratégicos para poder beber durante la caza y después de ella (independientemente de si ha sido exitosa)
6.- Comida en grupo (los cazadores aportan la carne, las mujeres recolectan raíces y bayas, en ocasiones se pesca y, a veces se comen insectos y otras fuentes proteicas).
7.- Períodos de ayuno involuntario debido a escasez de animales o problemas medio ambientales, con utilización de recursos de emergencia (insectos, moluscos, bayas, hongos, huevos etc)
8.- Roer huesos, comer espinas de pescado, alimentarse con gran cantidad de fibra, tomar sangre etc
9.- Con el uso del fuego y las primeras técnicas de cultivo, accedemos a cereales y leguminosas.
10.- Utilización de gran cantidad de plantas con fuerte capacidad antioxidante
11.- Desarrollo de una mutación que nos permite utilizar la leche de animales durante toda nuestra vida.

Todo ello en un entorno de fortísima exigencia física.

En este contexto, a los vegetarianos habría que decirles que, por mucho que nos moleste, somos cazadores y recolectores y, gracias a la proteína animal, somos “homo sapiens”

A los macrobióticos, podríamos decirles que nunca hemos podido establecer un equilibrio de ingestas. Cuando había caza, comíamos carne, cuando no había comíamos lo que podíamos

A los paleolíticos habría que recordarles que la epigenética nos demuestra que podemos adaptarnos a diferentes fuentes de alimentos.

En definitiva, la dieta no es cuestión de principios ni de filosofías, sino de supervivencia en un entorno de enorme exigencia física. En el momento actual, se imponen los buenos hábitos inculcados desde la infancia. Desayunar fruta, lácteos y cereales (mejor müesly). Comer ensaladas sin aceite, comida de cuchara y fruta. Cenar verduras y carnes o pescados magros (y nuevamente fruta). El peso debe estar en los límites aconsejables y los suplementos deben ser considerados individualmente (imprescindibles en el deporte de nivel competitivo).
16 comentarios

Entradas populares de este blog

Sobre el Tríbulus terrestris