Tremenda noticia en el periódico de ayer...



He leído una de esas noticias que no apetece leer. Copio el texto de la noticia “El fútbol base llora la pérdida del juvenil de Espinardo que murió durante un partido”. Terrible noticia sobre la muerte súbita de un deportista y penosa situación en la que deja a la familia. Una vida en pleno despertar….

Recuerdo cuando llegué a Murcia inmediatamente después de terminar mi formación de especialista en Francia. Estaba en casa de uno de los últimos especialistas en medicina del deporte que quedaban de una época en la que, aún se expedía esa titulación en España (después desapareció hasta crearse en los años 90 las Escuelas de especialidad). Recuerdo que le llamó un periodista porque acababa de fallecer un jugador juvenil de fútbol y él era el médico de la Federación de Murciana de Fútbol en ese momento. Su reacción no se me olvidará nunca, porque representa las dos caras de la medicina, la mía (un joven con todas las ganas de comerse el mundo y de hacerlo todo sin preguntarse las consecuencias) y la de un profesional maduro con más de sesenta años que respondió con un simple “era un caso de fallecimiento por causas imposibles de evitar”. ¿Imposible de evitar? Pues en eso estábamos en ese momento, tratando de establecer las causas de por qué se muere un joven haciendo deporte y como poder evitarlo.

Unos años más tarde fui a Urbino a un Congreso de niños y deporte, en donde el Prof. Venerando explicó lo que se estaba haciendo en Italia (en la Región de Véneto) en donde se realizaban ecocardiogramas a todos los niños participantes en competiciones. Allí se establecieron las primeras bases para prevenir la muerte súbita en deportistas y se explicaron estadísticas acerca de lo que se llamó, entonces, displasia arritmogénica del ventrículo derecho, que se sumaba a la gran protagonista de estos fallecimientos en esas edades, la miocardiopatía hipertrófica. Posteriormente, el Dr. Brugada nos enseñaría otra de las causas de fallecimientos súbitamente relacionados con arritmias cardíacas (síndrome de Brugada).

En esos momentos, tuve la tremenda experiencia de asistir a una muerte súbita en un universitario que estaba jugando un partido de los campeonatos universitarios y cayó fulminado en el Pabellón en un momento en que yo estaba allí. Le llevamos al hospital La Vega y ayudé a los internistas de UVI a intentar inútilmente reanimarlo durante bastantes minutos. Recuerdo la conmoción que produjo en el ámbito de responsables académicos hasta el punto de que vino el Rector y el Vicerrector de Extensión Universitaria y se comprometieron a poner en marcha el que luego se convirtió en el Centro de Medicina del Deporte de la Universidad de Murcia (en pleno funcionamiento en este momento).

Posteriormente, la Federación Española de Medicina del Deporte se ha planteado este tema como prioritario, hasta el punto de organizar un registro nacional, crear un grupo dedicado a estudiar el problema y dar soluciones. Desde entonces, ha emitido diversos comunicados al respecto, aleccionando a las autoridades a prevenir estos eventos y a tratarlos de la manera más eficaz. Uno de esos comunicados es el consenso de utilidad del electrocardiograma de reposo en la prevención de la muerte súbita en el deportista http://www.femede.es/documentos/119-Consenso%20ECG.pdf
Tanto esfuerzo y tanto tiempo y ahora estamos donde estábamos hace treinta años… ¿Por qué?

Mi opinión es que este tema ha sufrido el problema general que tiene la medicina preventiva en general frente a la medicina asistencial. El ciudadano es sensible a la presencia de una cama en un pasillo en un hospital, al coste de un fármaco necesario para un tratamiento, a la atención por los mejores especialistas, a los trasplantes, técnicas nuevas y muchas veces carísimas (stent en cardiología que se ponen a ancianos con pocas posibilidades de sobrevivir, por ejemplo..). Sin embargo, no tiene la misma sensibilidad hacia las inversiones en prevención (por ejemplo de la muerte súbita en el deportista). La medicina del deporte ha insistido siempre en la necesidad de realizar reconocimientos médicos con al menos un electrocardiograma a todos los deportistas que se federan, pues bien, muchas arritmias no se detectan, en este momento, porque aparecen signos en el ECG en la consulta del médico del deporte, sino que se detectan vía estudios genéticos en patologías de carácter familiar (estudios que se realizan por las unidades de cardiología del los hospitales).

¡Qué pena! Es una auténtica desilusión llegar al final de una actividad profesional sabiendo que todo lo que uno ha predicado, ha servido para caer en roca en el desierto de los políticos.
Considerad, sufridores lectores de mi blog, que no es un escrito meditado y adecuadamente documentado, así que no lo toméis demasiado a mal. Más bien es fruto del disgusto que me ha causado llegar esta mañana a un gimnasio para comenzar a ejercitar estos músculos envejecidos y tener que firmar una cláusula en la que decía que el ejercicio lo hacía bajo mi responsabilidad, declarando mi buen estado físico y eximiendo a los dueños de cualquier problema que me aconteciera durante la estancia en el centro, es decir, si se muere usted, intente hacerlo fuera de esta instalación, así no nos podrá responsabilizar a nosotros. Lejos quedan los debates que tenía con el Dr Castelló en los años ochenta cuando discutíamos sobre la intensidad de la prueba de esfuerzo en deportistas de la llamada tercera edad (¿máximas? ¿submáximas?). Solución treinta años después… Ninguna. 

La medicina del deporte al pozo de la desinformación, treinta años de una vida sin poder comunicar la certeza que uno siempre ha tenido.
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