Conversación con un antropólogo



Ayer tuve una conversación larga y enormemente satisfactoria con un antropólogo, catedrático en la universidad. Aproveché para comentarle lo que había estado leyendo desde hace años, referente a la llamada dieta de nuestros antecesores, en la que me he basado para escribir el libro “Nuestra dieta actual, desde un punto de vista evolutivo”. 
Lo cierto es que fue muy instructiva, ya que la experiencia de los expertos y la posibilidad de hablar con uno de ellos, sobrepasa la lectura y la dedicación a interpretar contenidos de artículos científicos en temas en los que uno no tiene suficiente formación.

Como conclusiones (que pienso que pueden ser de interés para los lectores de mi blog), podríamos apuntar las siguientes:
1)    No existe una única dieta del paleolítico basada, principalmente, en proteínas derivadas de la caza o pesca. Los homínidos ancestrales, desde el homo habilis, han sido, fundamentalmente, generalistas que aprovechaban cualquier fuente energética utilizable (carne de caza o carroña (incluyendo vísceras, tuétano de huesos etc, peces y moluscos, insectos, aves, huevos, pero también, tubérculos, raíces, vegetales, frutas y, a veces, otros homínidos…).
2)    Para poder aprovechar los recursos sin agotarlos, para tomar los alimentos estacionales y para seguir a los grandes rebaños (que también se desplazaban buscando recursos), éramos nómadas, lo que justifica una enorme diversidad de alimentos en nuestra dieta.
3)    La abundancia de animales salvajes, el carácter fluvial y marítimo de nuestra diáspora por el planeta y las características de la grasa asociada a las proteínas que consumíamos en esas épocas pretéritas, incluye una alta ingesta de ácidos n3, frente a los n6, lo que suponía una ingesta elevada de DHA.
4)    No está suficientemente razonado que hubiera etapas de ayuno, seguidas por etapas de matanza y alto consumo energético. El carácter nómada facilitaba el desplazamiento a zonas con variadas fuentes de alimentación. Los ayunos debidos a situaciones climáticas muy adversas condujeron a situaciones límite de tipo general (una de ellas casi acaba con nuestra especie “homo sapiens” hace unos 60.000 años, reduciéndonos a unos miles en todo el planeta).
5)    Muchos de los alimentos actuales derivan de la manipulación y la tecnología humana, que ha creado plantas con sucesivas manipulaciones genéticas hasta conseguir las actuales, que son “muy diferentes” de las salvajes que existían en su momento (verduras, frutas enormemente plenas de pieles duras y semillas, hortalizas ricas en sustancias venenosas (como la solanina, aislada por primera vez en 1820 a partir de las bayas de hierba mora (Solanum nigrum), que es una sustancia muy tóxica, incluso en pequeñas cantidades y se encuentra de manera natural en plantas como la patata, el tomate inmaduro, la berenjena y la ya citada hierba mora, entre otras). Verduras como las crucíferas (brócoli, coliflor..) eran meras plantas incomestibles.
6)    La microbiota intestinal iba variando, junto a la dieta, pero conservando una enorme diversidad y una tremenda importancia, tanto en la absorción de nutrientes como en la inmunidad y demás, interactuando estrechamente con todo el organismo.
7)    Los azúcares (carbohidratos simples) eran casi desconocidos de forma general y apenas se consumían de forma muy esporádica al encontrar un panal y poder acceder a la miel o al encontrar plantas dulces (caña de azúcar, salvaje).
Probablemente me deje más cosas importantes, pero estoy escribiendo de memoria y puedo haber olvidado, sin duda, algunos datos relevantes.
La agricultura y la domesticación de animales (como decía Eudald Carbonell, prisioneros de nuestra especie), junto a la tecnología de conservación de alimentos, introdujo un añadido novedoso y, ciertamente, preocupante, por un lado el desequilibrio de ácidos grasos (mayor ingesta de grasas saturadas y desequilibrio n6/n3) y, por otro lado, la monotonía en la ingesta de alimentos conservados (salazones, ahumados, deshidratados…), lo que permitía disminuir el gasto energético de la caza y el nomadismo, mejorando la capacidad reproductiva y permitiendo el desarrollo tecnológico y artístico (más tiempo libre).
Finalmente, la comida actual, contiene una variedad de alimentos heredados de la manipulación tecnológica. Frutas más ricas en fructosa, con mejor sabor y más abundantes en partes comestibles. Verduras sin tóxicos naturales, acceso a cereales, legumbres y lácteos etc etc. 



De todo ello hay varias consideraciones que son del máximo interés:
1)    La disminución enorme del gasto calórico hace que los mecanismos de saciedad no sean suficientemente adecuados en este momento
2)    El desequilibrio en la ingesta de ácidos grasos compromete los mecanismos naturales de manejo de la inflamación.
3)    La tremenda disminución de la ingesta de fibra actúa perjudicando nuestra función intestinal y contribuye a modificar la microbiota con resultados muy negativos
4)    La elevada ingesta de carbohidratos simples es un problema actual para nuestra especie, que no está metabólicamente adaptada, sumando el hecho del déficit del gasto calórico.
5)    Micronutrientes como el hierro, el calcio, el cobre y prohormonas como la vitamina D, plantean problemas actuales derivados de la falta de exposición al sol y los cambios en los alimentos habituales (el hierro está en la sangre, vísceras, insectos, moluscos y otros alimentos poco comunes en nuestra cultura actual).

Finalmente, me quedé con la idea de que lo más saludable sería, sin duda, hacer más ejercicio, tomar una dieta muy variada, ingerir más ácidos grasos n3, sangre o vísceras, muchísima más fibra, eliminar azúcares y exponerse más al sol. Y, sobre todo contribuir, en lo que pueda, a que la moda de la dieta paleo abandone los tópicos y se centre en lo que de verdad merece la pena tener en cuenta para cambiar hábitos poco saludables, de nuestra dieta actual.
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