La vitamina C, su relación con la glucosa y la dieta “paleo”



La vitamina C ha sido la gran esperanza del siglo pasado y se le han atribuido acciones beneficiosas más allá de su propia actuación como agente reductor (donando electrones en diversas reacciones). 

Parte de ese mito se debe, sin duda, al dos veces ganador del premio Nobel, Linus Pauling, quien argumentó que altas dosis de vitamina C (10 g / día) administradas por vía intravenosa podían ser útiles en el tratamiento del cáncer. Esta suposición se basó en un estudio de 100 pacientes con cáncer avanzado que, en comparación con los controles, sobrevivieron de tres a cuatro veces más tiempo. El estudio fue, más tarde, criticado debido a la ausencia de un grupo de control apropiado. Posteriormente se repitió mejorando la metodología, pero nunca se consiguió repetir los resultados favorables (Creagan et al., incluyeron pacientes que previamente recibieron quimioterapia). Otros estudios prospectivos (en los que la población se observa a través del tiempo), como el Physicians Health Study II, no encontraron mejoría en la suplementación con vitamina C para la prevención de los cánceres de próstata, ni en otros tumores sólidos. Un metaanálisis de Coulter et al., también llegó a la conclusión de que la vitamina C no proporciona ningún efecto en la prevención del cáncer. Sin embargo, el carisma del premio Nobel (que creó un instituto que lleva su nombre para el estudio de micronutrientes), ha prevalecido a pesar del esfuerzo de los organismos sanitarios por desaconsejar el uso indiscriminado de suplementos de vitamina C. Recuerdo, como anécdota, que hace años, escuché a un emérito de la nutrición, responder en una conferencia para público general, que el problema de un premio Nobel es que una vez concedido no había forma de quitarlo (refiriéndose a que su defensa a ultranza de la vitamina C no era científica, a pesar de su Nobel en química). 


Por otra parte, la aparición mediática de los antioxidantes a finales del siglo pasado, dio un nuevo impulso a esta vitamina, cuya función es, precisamente, actuar como un agente reductor. La vitamina C existe en dos estados redox: ácido ascórbico (AA), y su forma oxidada, ácido dehidroascórbico (DHAA). La mayoría de las acciones de la vitamina C pueden ser atribuidas al ácido ascórbico, que actúa como un agente reductor donando electrones a diversas reacciones. Ambas formas se absorben en el intestino delgado, en donde la absorción es casi completa a dosis menores a 200 mg, disminuyendo a dosis superiores. La captación de ácido ascórbico desde el intestino se basa en un mecanismo de transporte activo de los transportadores de vitamina C dependientes de sodio, mientras que la absorción de la forma oxidada se basa en la difusión facilitada por los transportadores de glucosa (GLUT). En los enterocitos, se absorbe DHAA que se convierte en AA lo que provoca una concentración intracelular de DHAA baja, facilitando, aún más, la absorción de DHAA. Algunos órganos acumulan vitamina C 10-50 veces por encima del nivel en sangre de la misma (lo que incluye tejidos de alta actividad metabólica, tales como las glándulas suprarrenales, el timo, la retina, el cerebro, páncreas, riñón, ganglios linfáticos y linfocitos).

En otro orden de cosas, la forma ácido ascórbico no puede penetrar la barrera hematoencefálica por lo tanto la vitamina C penetra en su forma oxidada (ácido dehidroascórbico), que luego se reduce de nuevo a ácido ascórbico, para permanecer dentro de las células del cerebro. Existe un mecanismo de transporte similar para la vitamina C para entrar en la mitocondria y, en este sentido, varios estados patológicos han demostrado estar asociados con una alteración de ciclo redox de la vitamina C. Se conoce la asociación con la inflamación en patologías como diabetes, traumatismos, cirugía, sepsis y la cicatrización de heridas, lo que se cree que es debido a un aumento de nivel de oxidantes tales como radicales hidroxilo, radicales peroxilo y anión superóxido que requieren más AA que podría ser regenerado a partir de DHAA. Además, los resultados de un estudio prospectivo con 20.649 hombres y mujeres con edades entre 40-79 años que no habían tenido un ataque al corazón, indican que concentraciones altas de Vitamina C en plasma pueden estar asociados con un menor riesgo de ataque al corazón

 Por otro lado, la ingesta de grandes cantidades de vitamina C no está exenta de riesgos. Hay evidencia de que la suplementación con vitamina C aumenta el riesgo de formación de cálculos renales. Además, las megadosis de vitamina C pueden conducir al desarrollo de la deficiencia de vitamina B12. Asimismo, megadosis de vitamina C intravenosa pueden causar diarrea, náuseas, dolor de cabeza, disminución del apetito y fatiga, lo que en deportistas puede simular un sobreentrenamiento.

Una explicación evolutiva

En muchos animales (particularmente depredadores) el ácido ascórbico se sintetiza por el organismo, lo que no le da el carácter de vitamina. ¿Por qué en el ser humano es imprescindible ingerirla? 

En realidad, la pérdida de la capacidad de sintetizar la vitamina C no es única entre los mamíferos: por ejemplo, cobayas, monos y simios también carecen de esta capacidad al no tener el enzima oxidasa de gulonolactina-L (GULO) que se requiere en el último paso de la síntesis enzimática de vitamina C a partir de glucosa. En el genoma de los seres humanos y de los primates antropoides un gen no funcional está presente en lugar del gen GULO. Se cree que la pérdida de la capacidad de sintetizar la vitamina C en los primates que se ha producido hace unos 60 millones de años en el momento de la escisión de los dos subórdenes de primates: Strepsirrhini y Haplorhini. Los primates, incluyendo strepsirrhine lemures, loris, y galagos son capaces de producir vitamina C, mientras que los primates haplorine como tarseros, monos y simios se obtienen a partir de fuentes dietéticas.

En la literatura médica, perder la capacidad de sintetizar la vitamina C en el curso de la evolución suele ser interpretado como una imperfección, lo cual es difícil de creer, ya que los homínidos han tenido tanto éxito en términos de supervivencia, que no se puede entender  la pérdida de la síntesis interna de la vitamina C como una desventaja. 

Inicialmente yo pensaba que, debido a que la dieta de los humanos siempre incluyó alimentos ricos en vitamina C, especialmente frutas y vegetales, poseer este gen no nos daba ninguna ventaja adaptativa ni evolutiva. En tal sentido, cualquier mutación que dañara al gen no tendría efecto en nuestra supervivencia y pasaría desapercibida. Los humanos que portaran dicha mutación seguirían reproduciéndose y pasándole el gen mutado a su progenie, que a través de miles de años seguiría acumulando más mutaciones. De hecho, si comparamos el pseudogen GULO de los humanos con el gen funcional en otros mamíferos, el 20% de nuestro gen está mutado.Pero hay otra explicación; Ames et al., proponen que durante la evolución de los primates, el ácido úrico podría haberse hecho cargo de la función antioxidante de la vitamina C; una hipótesis basada en el paralelismo sorprendente entre la incapacidad para descomponer el ácido úrico y la pérdida de la capacidad de la síntesis de la vitamina C en primates.

La genial teoría del antagonismo glucosa-ascorbato

Esta teoría fue propuesta por primera vez por John Ely en la década de 1970. La teoría postula que, dada la similitud estructural entre la glucosa y de la vitamina C, las dos moléculas compiten por el mismo sistema de transporte para entrar en las células. En este sentido, se ha demostrado que la captación celular de ácido ascórbico y dehidroascórbico, puede ser antagonizada competitivamente por niveles elevados de glucosa. 

La diabetes, puede ser considerada un modelo natural para estudiar la interacción entre la glucosa en sangre y vitamina C en seres humanos y, efectivamente, los estudios con pacientes diabéticos están en línea con esta teoría. Por cierto, también es consistente con esta teoría que el nivel en sangre de vitamina C está inversamente relacionada con la obesidad, lo cual se relaciona con un aumento de la ingesta de hidratos de carbono.

El control de la hiperglucemia también se ha sugerido como asociado a la terapia del cáncer. La hiperglucemia en pacientes con cáncer se sabe que está asociada con una reducción de la concentración de ácido ascórbico intracelular, lo cual se relaciona con una disminución de la actividad de la lanzadera de fosfatos de pentosa, una vía clave en el funcionamiento e inmunidad de la célula. En la enfermedad cardiovascular, la asociación de altos niveles de glucemia y baja concentración de ascórbico también es consistente con esta teoría, y puede explicar plausiblemente impedimentos funcionales, tales como la peroxidación de lípidos y disfunción endotelial, que se sabe que contribuyen a la generación de la aterosclerosis.

Pues bien, Johnstone et al., compararon el efecto de dos dietas altas en proteínas: una cetogénica y otra con ingesta media de carbohidratos, y para sorpresa de los investigadores, se encontró una mayor concentración de vitamina C en la sangre en la dieta baja en carbohidratos. En este sentido, la diferencia se explica por otros factores. Por ejemplo, el hecho de que las dietas actuales se asocien a mayor producción de especies reactivas de oxígeno nos permite especular con el hecho de que una menor ingesta de carbohidratos no necesite una dieta alta en vitamina C (eso se ve también en fumadores, que debido a la alta oxidación precisan altas dosis de vitamina C). De esta forma, dietas a base de hidratos de carbono pueden explicar por qué según un metaanálisis sobre ingesta alimentaria y nivel plasmático de ácido ascórbico, solamente se correlacionaron de forma moderada  

La asociación libre entre la estimación de la ingesta y el nivel de sangre, indica que las plantas no son una fuente ideal de vitamina C, además los flavonoides que se encuentran en abundancia en frutas y verduras también se ha demostrado que inhiben la absorción de la vitamina C por los enterocitos y, por otro lado, la disociación llamativa entre los estudios epidemiológicos y de intervención, como se revela en revisiones efectuadas para conocer la mortalidad en las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, puede considerarse como una indicación de que la vitamina C tomada como suplemento puede no ser una manera óptima para obtener este nutriente.

Además, las enfermedades crónicas tales como la obesidad, diabetes, enfermedades neurodegenerativas, cáncer y enfermedades cardiovasculares, se asocian con ingesta muy alta de hidratos de carbono, con disfunción mitocondrial y con un aumento de la producción de especies reactivas de oxígeno y la disminución de nivel en sangre de vitamina C. Se puede especular, por tanto, que el aumento de la ingesta alimentaria de los hidratos de carbono da como resultado un bajo nivel de ácido ascórbico en sangre, lo que contribuye al desarrollo de enfermedades degenerativas crónicas.

Como un paralelismo más, la hipótesis propuesta también encaja bien con la teoría de Warburg postulando que el cáncer se origina a partir de una disfunción metabólica que incluye una insuficiente fosforilación oxidativa mitocondrial (las células cancerosas son altamente dependientes de glucosa y no son capaces de utilizar la grasa o cetonas para la energía), un fallo metabólico que las dietas cetogénicas intentan explotar. La sugerencia de tomar dietas baja en carbohidratos y alta en grasas, puede proporcionar vitamina C no sólo en cantidades suficientes, sino también en una forma biodisponible, y por lo tanto pueden ser más apropiados para el tratamiento de cáncer en comparación con las versiones de las dietas cetogénicas clásicas que se utilizan actualmente en ensayos clínicos, por ejemplo.

Es tan solo una teoría, pero es un buen punto de partida para enlazar hechos concretos que conocemos:
1.- La vitamina C como suplemento no funciona (salvo en casos de hipovitaminosis C)
2.- Las dietas altas en carbohidratos y la obesidad, están relacionadas con niveles disminuidos de vitamina C en plasma
3.- Dietas bajas en carbohidratos y altas en grasas se relacionan con niveles óptimos de vitamina C (como se demuestra en los Inuit).
4.- La dieta es un claro factor de riesgo (o supervivencia) en pacientes con cáncer.

Para meditar ¿no?

Enlace al Artículo de donde se extrae el contenido
Zsófia Clemens. Vitamin C and Disease: Insights from the Evolutionary Perspective. Journal of Evolution and Health Volume 1 | Issue 1 Article 13. 3-13-2016
Department of Neurology, University of Pécs, Hungary, clemenszsofia@gmail.com
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