Los dolores de huesos y las mujeres postmenopáusicas



Después de la epidemia de osteoporosis que surgió en la década pasada, la preocupación de los médicos ha pasado a ser la osteopenia, es decir, la pérdida de densidad mineral ósea y de sus propiedades mecánicas en personas relativamente jóvenes (cuarenta o cincuenta años). 

Ya sabemos que la osteoporosis es uno de los tributos que pagamos con la edad (todos aquéllos que viven lo suficiente, acaban teniendo osteoporosis). El problema es que nadie esperaba que los problemas de dolor óseo, fracturas de consolidación lenta etc, se trasladaran a edades mucho más tempranas, como los cincuenta años.

Los traumatólogos especializados en tratar deportistas, alertaron de la necesidad que tiene el hueso del ejercicio físico (aumento de flujo circulatorio, pequeño y repetido estrés mecánico etc). Por el contrario, el sedentarismo galopante de nuestra sociedad, nos conduce a padecimientos cada vez más antinaturales y de presentación más temprana.

En este contexto y, dejando de lado el efecto preventivo y terapéutico del ejercicio físico adecuado, la dieta y, particularmente, la ingesta de determinados nutrientes han sido objeto de una gran controversia.

Los grandes nutrientes comprometidos al tratar los problemas de crecimiento y formación del hueso, son el calcio y la vitamina D. En este sentido, el consejo de las autoridades (área médica de la National  Academy of Sciences. USA), ha sido desde 2010 una recomendación, en general, de unos 1000 mg/día de calcio y 600 UI/día de vitamina D. Seis años después, los investigadores en esta área han cuestionado estas cifras y, de hecho, el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos (USPSTF),  está revisando los datos y los planes para lanzar una actualización en 2018.

Un primer estudio de gran impacto, realizado en 1992, mostró que las mujeres de edad avanzada que tomaban suplementos de calcio y vitamina D eran un cuarenta y tres por ciento menos propensas a romperse la cadera que las de un grupo control que recibieron un placebo. Sin embargo, se criticó que las mujeres de la cohorte del estudio, vivían en instituciones y tenían niveles bajos de vitamina D en suero al inicio del estudio.

Desde entonces, numerosos ensayos controlados aleatorios han revelado resultados ambiguos, lo que ha llevado a numerosos traumatólogos a desaconsejar suplementos de calcio y vitamina D en mayores con una dieta adecuada. Alguno de estos estudios se ha citado reiteradamente por los que defienden que con una dieta equilibrada basta para asegurar una buena nutrición ósea. Se trató del estudio que hizo  Mark Bolland, MBChB, PhD, profesor asociado de medicina en la Universidad de Auckland, en Nueva Zelanda. El equipo del Dr. Bolland utilizó datos combinados de 26 estudios, y se calculó que los suplementos de calcio redujeron las fracturas totales en un 11% y las fracturas vertebrales en un 14%, pero no redujeron las de cadera o antebrazo. Así pues, estos investigadores llegaron a la conclusión de que, para la mayoría de la gente, los riesgos relacionados con la administración de suplementos de calcio podrían ser mayores que los beneficios.

En este contexto, se consideró que el calcio y la vitamina D por sí mismos, no impiden la fractura, pero si no se tiene suficiente calcio y vitamina D, puede aumentar el riesgo de fractura.

Así pues, se consideró que la necesidad de suplementos que contuvieran estos nutrientes no sólo dependía de la edad de una persona y el sexo, sino también de la dieta, la exposición al sol, tipo de pigmento de la piel, y condiciones de salud, junto a la toma de medicamentos especialmente dañinos, como los corticoides. El consejo para los traumatólogos fue que la mayoría de los pacientes obtendrían buenos resultados situando las necesidades de estos nutrientes en 2000 UI de vitamina D y 500 mg de calcio por día.

Por otro lado, los pacientes más jóvenes podrían necesitar solamente 1000 UI de vitamina D, y mantener la ingesta de calcio habitual cuando se toman lácteos o verduras (crucíferas) ricas en calcio.

Sin embargo, el problema ha pasado a la vitamina D y a la vitamina K2. Ahora sabemos que la vitamina D3 refuerza la función de las vitaminas K1 y K2 en el metabolismo del hueso y la condición del sistema cardiovascular.  Además estas sustancias favorecen el transporte del calcio. Es, pues una buena sinergia en la prevención de patologías muy prevalentes en el colectivo de mujeres de edad avanzada.

¿Y qué pasa cuando no se hace ejercicio, ni se toma el sol o se ponen cremas protectoras y la comida es deficitaria en vitamina K2?

En este sentido, el retrato robot de una osteopenia en una mujer de 40 años, una osteoporosis clínicamente franca en esa misma mujer a los 50, fracturas y dolor óseo a partir de esa edad y una pésima calidad de vida, sería:
Una adolescencia con dietas desequilibradas (muchas veces debido a regímenes para adelgazar), fumadora, consumidora de anticonceptivos hormonales y sedentaria.
Llega la madurez y sigue dietas habituales, con alta presencia de carbohidratos, baja en verduras, nula en alimentos fermentados y plena de alimentos procesados. Mantiene el sedentarismo y tiene tasas elevadas de cortisol debido a un estrés continuado. Cuando toma el sol, lo hace con cremas de alta protección y nunca se ha medido la vitamina D en plasma.

Hemos pasado de preocuparnos del calcio a pasar a preocuparnos seriamente de la vitamina D, comentan ahora los traumatólogos. ¡Ya era hora! De hecho, algunos expertos recomiendan favorecer niveles más altos de los aconsejados en las guías de especialidad, como JoAnn Pinkerton, MD, profesor de obstetricia y ginecología en la Universidad de Virginia Health System en Charlottesville, que considera que debe llegarse a niveles de 30 a 80 ng/mL en sus pacientes posmenopáusicas (el criterio de los endocrinos es de 20 a 30).

El Dr. Pinkerton, que es el director ejecutivo de la Sociedad Norteamericana de Menopausia, insiste en pedir a los pacientes que aumenten la ingesta de calcio y vitamina D mediante suplementos, si es preciso, hasta llegar en las mujeres posmenopáusicas a tomar 1.200 mg/día de calcio y de 800 a 1000 UI/día de vitamina D.

Tomando 1000 UI / día de vitamina D puede aumentar el nivel sérico de una persona en un 7 ng / ml, aunque los niveles séricos fluctúan con las estaciones del año.


Referencias
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