La única alternativa a la medicina es una medicina mejor

Hace unos días un familiar mío –médico- me comentó que en su farmacia habitual le habían recomendado un compuesto homeopático y quería saber mi opinión.

Lo cierto es que hasta ese momento no había caído en la profundidad a la que ha calado esta práctica pseudomédica en nuestra sociedad. Al menos, yo creía que se debía a personas con poca formación y alejadas de la medicina científica.

Por otro lado, advertí –puesto que se compró el producto y lo está tomando- que en realidad solo quería una coartada más para convencerse de la bondad del compuesto, ya que de nada sirvió que le hablara del número de Avogadro y la imposibilidad científica de que lo que estaba tomando tuviera otro efecto que el placebo.

A raíz de este hecho, recordé que había leído en una publicación –no científica- que ilustres colegas míos –algunos profesores de universidad- recomendaban remedios homeopáticos para tratar a deportistas de élite. Copio textualmente “Entre estos medicamentos naturales los que más auge están teniendo en deporte son los homeopáticos compuestos o biorreguladores, destaca el doctor M. V., director de la Escuela de Medicina  de la Educación Física y el Deporte de la Universidad…., que ya son habituales en los clubes de fútbol de primera y segunda división, así como en los centros de alto rendimiento deportivo de Sant Cugat del Vallés (Barcelona) y Sevilla -he eliminado el nombre del médico porque no quiero que se enfade conmigo ya que es un buen amigo-.

Ante este desconocimiento mío de nuevas técnicas de tratamiento en deportistas y, teniendo en cuenta el respeto que me merecen los médicos citados, me puse a estudiar de nuevo estos tratamientos para intentar adaptar mi juicio clínico a un posible cambio en la postura de la medicina científica al respecto.

Lo primero que comprobé es que estos tratamientos se emplean en la inflamación aguda (contracturas, esguinces…) y en ese punto debe tratarse de acciones a nivel de los eicosanoides, que son mediadores importantísimos en el fenómeno inflamatorio, de hecho, los medicamentos antiinflamatorios no esteroideos, tienen su acción inhibiendo un enzima –la ciclooxigenasa- y, por lo tanto, la síntesis de prostaglandinas y tromboxanos (eicosanoides). Pues bien, no hay un solo trabajo científico que relacione estos compuestos lipídicos con los productos homeopáticos empleados.

Me puse a leer un libro homeopático escrito por un médico -Dr. Marcelo Candegabe- esperando encontrar argumentos de fe puesto que, vuelvo a insistir, no he encontrado un solo artículo científico, y sin embargo me encontré con la siguiente frase al comienzo “La homeopatía es una ciencia de suma complejidad y los conceptos científicos y filosóficos que avalan y sostienen su existencia son extremadamente profundos”.

Bien, el problema es que en todo el libro no he encontrado un solo experimento o cita bibliográfica sobre ningún estudio científico. ¿Cuántas ciencias hay?

Seguí indagando y me encontré con un informe realizado a petición del Institut d’Estudis de la Salut Departament de Sanitat i Seguretat Social Generalitat de Catalunya, cuya lectura recomiendo fervientemente a los interesados, que se hacía eco, en sus conclusiones, de las sugerencias de la organización escéptica holandesa SKEPSIS entre las cuales me chocaron algunas que creo que son clave para entender el fenómeno de la homeopatía.
Estas sugerencias son:
  1. No parece muy útil hablar directamente con miembros del Parlamento Nacional o del Parlamento Europeo, dado que muchos votantes de los Estados Miembros tienen todavía confianza en la homeopatía.
  2. Parece útil solamente acercarse a los presidentes de organizaciones tales como el Deutsche Forschungs Gemeinschaft o el Instituto Max Planck, siempre que este acercamiento esté avalado por una literatura válida.
  3. La legislación sobre medicamentos en los Estados Miembros debe seguir las directrices de la Unión Europea. Las actuales reglas son más tolerantes con los medicamentos homeopáticos de lo que se considera deseable en Holanda, pero dado que muchos Estados Miembros las aceptan, poco se puede hacer contra ello.
  4. Resulta útil recoger informes críticos sobre homeopatía, pero no se debe sobreestimar su efecto. Nos referimos, por ejemplo, a la excelente tesis sobre homeopatía de D.K. de Jong, que no tuvo posterior influencia.
  5. La publicación de los resultados satisfactorios que algunas personas creen haber tenido tras someterse a un método homeopático parece surtir más efecto en la comunidad que los artículos explicando que los productos homeopáticos no tienen efectos farmacológicos. Han quedado presentados todos los elementos para el análisis, y ha quedado suficientemente clara la opinión de los autores y del colectivo al que representan. Cualquier decisión al respecto debe ser tomada por las autoridades políticas y sanitarias competentes, aunque la solución no es sencilla.
¿Y qué dice la ciencia al respecto?

Pues también he encontrado una explicación sencilla expuesta en el mismo monográfico que recomiendo.

Hay que recordar que la homeopatía se basa en aplicar el agente que causa la enfermedad, pero en dosis mínimas que no causan toxicidad.

- La única explicación lógica que podía buscarse a este principio era que, en el proceso de dilución del principio activo, el medio en el que se diluía éste -normalmente agua- fuera capaz de “memorizar” las características del agente activo, pero evitando su toxicidad, ya que aquél desaparecía. Suponiendo cierto esto, para que el tratamiento fuera más eficaz se necesitaría agitar vigorosamente el preparado durante su proceso de dilución, de manera que todas las moléculas del disolvente entraran en contacto con la sustancia activa. Es lo que se conoce como dinamización, y exige no sólo una intensa agitación del preparado, sino también que el proceso se realice en sucesivas fases de dilución 1/10 ó 1/100. Es decir, disolviendo sucesivamente una parte de la mezcla original en 10 ó 100 partes de disolvente respectivamente, repitiendo a continuación el proceso. El número de repeticiones efectuadas determina la potencia de la disolución, en decimales (o centesimales) hahnemannianos: DH (o CH)-

Pues bien, el ejemplo expuesto es:

“Si el último suspiro de César se encontrase hoy día distribuido de manera uniforme en toda la atmósfera terrestre -y suponiendo que el volumen de la atmósfera es unas 1024 veces la capacidad de nuestros pulmones- con cada inhalación de aire que tomásemos respiraríamos una molécula del aire de ese último suspiro. Sin embargo esta dilución 12C sólo es el comienzo, pues la dilución homeopática más habitual es del orden 30C... una potencia de 30C. Esta cifra equivale a un grano de sal disuelto en un volumen de disolvente que llenaría diez mil millones de esferas, cada una de ellas lo bastante grande como para abarcar todo el sistema solar. Según una publicación de la OMS, se han utilizado ‘con éxito’ potencias de cerca de 100000C, es decir, diluciones de 10-200000 (recordemos que el número de partículas subatómicas del universo es sólo de 1080). El hecho de que estos engaños puedan prender en la fantasía de miles de hombres y mujeres con cualificación médica -sobre todo en Francia, Alemania y Gran Bretaña- o bien debe considerarse una acusación directa a la educación impartida en las facultades de medicina, o bien pone en evidencia que algunas mentes presentan una incapacidad congénita para desarrollar un pensamiento crítico” (Skrabanek y McCormick).

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