miércoles, 22 de febrero de 2017

Ayudando al deportista de alto rendimiento



En todos los años dedicados a la medicina del deporte, hemos tenido pocos cambios en cuanto a la aplicación práctica de nuestros esfuerzos para ayudar a los entrenadores y a los deportistas en su búsqueda del máximo rendimiento. En el área de salud, sí que hemos avanzado muchísimo, de modo que hoy día tenemos a nuestra disposición métodos muy exactos para adelantarnos a problemas que antes derivaban en patologías importantes al ser incapaces de poder prevenirlas con acierto.

Sin embargo, en el área del rendimiento, salvo en algunos deportes muy particulares, como el ciclismo, la medicina deportiva le ha dado pocos elementos de interés al entrenador, que justificaran los gastos e inconvenientes de la consulta médica continuada (exámenes, analíticas, pruebas de esfuerzo etc).

Pero esto ha cambiado drásticamente en los 2 ó 3 últimos años. El avance en las neurociencias, por un lado, y la genética, por otro, nos han dado dos herramientas que van a marcar el futuro del deporte de élite.

Por un lado, podemos, por fin, saber el resultado de la suplementación, dieta y ayudas ergogénicas en el deportista tratado con sustancias no dopantes (suplementos). Asimismo, podemos ir siguiendo la evolución de su condición biológica para asegurarnos de que las alteraciones producidas por el entrenamiento tan exigente hoy día no significará, ineludiblemente, daño celular, envejecimiento precoz y exposición a patologías graves en el futuro. Este siempre ha sido el caballo de batalla de nuestra presunción respecto al carácter no saludable del deporte de alto rendimiento. 

Por otro lado, ya podemos evitar uno de los factores que han supuesto una disminución de la capacidad competitiva en grandes atletas que no han sido capaces de demostrar en los grandes eventos competitivos su estado óptimo de forma. Eran los deportistas que nos daban un gran rendimiento en las pruebas de esfuerzo y en los test de campo, pero se derrumbaban en la alta competición.

Pues bien, ahora, las neurociencias nos permiten mejorar esa adaptación al estrés competitivo y esa falta de rendimiento en los grandes momentos mediante técnicas de neurofeedback realizadas en centros especializados. Ya tenemos las herramientas para mejorar la atención, la capacidad de entrenamiento máximo, el sueño y la ansiedad necesaria en competición, pero si llegar al extremo del bloqueo. En nuestra clínica aplicamos un sistema de entrenamiento cerebral basado en el acondicionamiento de las ondas cerebrales a través de un sencillo dispositivo y un extraordinario software desarrollado por neurocientíficos del máximo nivel.

En el otro apartado, también disponemos del estudio telomérico basado en un sencillo análisis de sangre de donde se extraen los linfocitos en donde se estudia la longitud de los telómeros que nos indican el nivel de salud de la persona. Se repite este test una vez al año para ver a qué velocidad se acortan sus telómeros. Por ejemplo, si la pendiente del gráfico es muy acusada, indica un rápido acortamiento de los telómeros y por tanto mayor envejecimiento celular y se actúa modificando el entrenamiento o suplementando con productos que provocan mejor adaptación.

Nos toca vivir una década absolutamente apasionante y, es un auténtico privilegio, poder ofrecer a los deportistas desde la consulta de un médico especialista, todo un equipo de profesionales para conseguir un mejor rendimiento y una óptima salud a largo plazo. Algo que hasta ahora parecía una contradicción


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