Atletas de élite ¿Hipotiroideos?


Estamos asistiendo a una polémica en torno al llamado hipotiroidismo del deportista de alto nivel. El argumento en el que se basa esta opinión –muy controvertida en el ámbito de los endocrinólogos- es que el deporte de alta exigencia produce un agotamiento en la producción de hormona tiroidea que conduce a un hipotiroidismo subclínico cuyos síntomas son, básicamente, la disminución del rendimiento deportivo.

El fondo de la polémica es el criterio compartido por muchos fisiólogos del ejercicio, de que el deporte de alta exigencia actual, pone al límite muchas de nuestras funciones corporales, entre ellas las hormonales. En este sentido, existen muchos estudios que enlazan bajos niveles hormonales en situaciones de sobreentrenamiento o en períodos competitivos extensos. De hecho, en los años ochenta se defendió en determinados círculos de la medicina deportiva, la utilización de pomadas de dihidrotestosterona para aplicarse durante carreras de maratón para evitar la caída de esta hormona durante la carrera, con el supuesto objetivo de restablecer niveles fisiológicos alterados por la dureza de la carrera (ahora está dentro de las sustancias prohibidas, es decir, fin de la cuestión).

Pues bien, ahora, el tratamiento al que somete un endocrino norteamericano -Jeffrey S. Brown- a deportistas de élite administrándoles  levotiroxina, es el que genera la polémica. Su hipótesis es la existencia de un hipotiroidismo subclínico provocado por la exigencia de los entrenamientos exhaustivos en los deportistas de élite, pero lo peor es que dice que tiene éxito y que hay un montón de deportistas a los que trata (desde Carl Lewis en su momento, a los corredores norteamericanos: Ryan Hall, Galen Rupp, Amy Yoder Begley, Bob Kennedy y Patrick Smyth). A ello se suma el hecho de que no se trata de un médico cualquiera, sino del médico consultor de Nike y de Alberto Salazar, entrenador de corredores de élite mundial-.

Tenemos, pues, en este momento tres frentes abiertos:

1)   La controversia científica sobre los efectos del deporte de alta exigencia en el organismo y en particular, el criterio de ayudar al organismo ,o no, ante esas alteraciones producidas por entrenamientos brutales
2)   La presión de los deportistas profesionales para utilizar los conocimientos médicos en aras de un mayor rendimiento y, por tanto, éxito deportivo y mayores ingresos publicitarios
3)   La actuación del COI que debate, actualmente, si incluir la levotiroxina en la lista de sustancias prohibidas

¿Mi opinión? Pues, como siempre, la opuesta a la de Eufemiano Fuentes and company
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